Un panel tapizado o de madera puede integrar nichos con puertas abatibles suaves para libros, agua y dispositivos. Una luz de lectura empotrada, cálida y direccional, evita lámparas visibles. La electrificación se oculta en un canal con acceso de servicio. El resultado es un frente continuo, que absorbe necesidades nocturnas sin invadir el campo visual. Al despertar, el dormitorio se mantiene despejado, respirable y delicadamente acogedor.
Forra cajones con fieltro o microfibra para amortiguar sonidos y proteger prendas. Divisores modulares en madera o aluminio mantienen orden flexible. Saquitos de cedro o lavanda controlan olor y humedad, mientras guías de extracción total y cierre suave ofrecen precisión. El frente sin tirador, con canto cómodo, refuerza la calma visual. Así, abrir y cerrar se vuelve un gesto placentero, íntimo y silencioso, alineado con la estética general del espacio.
Detrás del espejo, un mueble con puertas amortiguadas guarda cosméticos y botiquín, con perfiles antiempañamiento y luz regulable. Toma de corriente interior y estantes de altura variable simplifican el uso. Las juntas selladas y bisagras resistentes al vapor garantizan longevidad. Al cerrarse, el plano vuelve limpio, reflejando una imagen serena y homogénea, donde el ritual de cuidado personal transcurre sin fricción ni objetos invadiendo la superficie de apoyo.
Un nicho empotrado, revestido en el mismo material de la ducha, aloja champús y esponjas sin sobresalir. El drenaje lineal, alineado con la modulación del pavimento, mantiene la continuidad visual. Perfiles mínimos, vidrio extra claro y grifería empotrada refuerzan limpieza. Una ligera pendiente invisible asegura evacuación eficiente. Todo se integra con discretas juntas, logrando una sensación de spa silencioso, amable y perfectamente funcional en cada detalle.
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