Coloca barras o rieles a pocos centímetros del techo para alargar el paño y deja que la tela caiga hasta rozar el suelo, logrando verticalidad sin exageración. El lino traslúcido suaviza la luz y protege la intimidad, mientras un segundo visillo o un estor screen permite matizar el brillo a lo largo del día. Evita estampados fuertes; la textura hace el trabajo. Si la ventana es pequeña, ensancha ópticamente pintando el muro y la carpintería en el mismo tono, integrando la abertura en un plano continuo y sereno.
Un espejo grande, colocado frente a la luz lateral y no directamente opuesto a la ventana, duplica la profundidad sin crear contraluces agresivos. Prefiere cantos pulidos y marcos finos en madera o metal satinado para mantener la discreción. Las lacas mates y los porcelánicos satinados reflejan lo justo; los brillos excesivos fragmentan. Una repisa baja en piedra clara puede devolver luminosidad a la zona inferior del espacio. El objetivo es orquestar reflejos que sugieran amplitud, no un show de destellos que distraiga y agote la vista.
Instala reguladores para adaptar la intensidad a cada momento, desde la actividad matutina hasta la calma nocturna. Combina una lámpara de lectura junto al sofá, un baño de luz lateral para arte y una línea suave bajo muebles altos que dibuje flotación. En cocina y baño, prioriza CRI alto para apreciar colores reales. Evita puntos de luz únicos en el centro del techo; generan sombras y reducen altura percibida. Con capas bien ubicadas, la casa late a tu ritmo y los metros se sienten generosos y amables.
All Rights Reserved.